CÉSAR CABO PRUEBA SUERTE EN EL CINE

Le han llamado de todo. En un tiempo record pasó de ser «el deseado de toda madre para su hija» al más odiado del espectro aéreo nacional. Con un innato espíritu peleón, César Cabo ha hecho frente en solitario a esa batalla mediática que le ha restado mucha energía en los últimos tiempos. Se apartó voluntariamente de la exposición popular y se acostumbró a unas censuras públicas que no han cesado. Es consciente que cada cosa que hace es objeto de críticas pero, si los demás hablan, ¿por qué no hacerlo él que es el destinatario de los dardos?



Cada movimiento que hace o cada decisión que toma, se mira con lupa y es cuestionada con precisión. No es fácil acostumbrarse a estar en el escaparate mediático, pero tampoco está dispuesto de dejar de probar experiencias por miedo al comentario justiciero. Tal vez por ello, César Cabo– sin dejar de controlar aviones y participar en tertulias televisivas de actualidad – ha respondido a la llamada de un amigo y se ha lanzado a la aventura de experimentar, en su propia piel, cómo se sienten los actores cuando se sitúan delante de las cámaras. “El regreso de Elías Urquijo” es el título de la película en la que ha debutado con un papel secundario, pero decisivo en la trama.
“Yo llegué al proyecto de casualidad. Me lo comentó un amigo del trabajo, que colabora en la producción y es muy amigo del director, Roque Madrid. Es su primer largometraje, pero ya tiene bastante experiencia en televisión, donde realizó el programa EXPLORERS que tuvo bastante éxito en las televisiones autonómicas”.
“El Regreso de Elías Urquijo” será el titulo de la película en español, aunque la intención es distribuirla a nivel internacional con otro título en inglés, idioma en el que se ha rodado la casi totalidad de la cinta. Es una historia de intriga y misterio en clave de thriller. Su trama central es una historia de amor, en la que convergen dos historias, una actual y otra que se desarrolla en los años 70 mediante flashbacks. El protagonista es Elías Urquijo, un personaje inquietante que aparece -de repente-  en la vida de una pareja que trata de superar un bache.
“Yo hago de Félix, el farmaceutico del pueblo. Soy el ayudante de Aurora. Su marido cree que le engaña conmigo, lo que convierte la parte de mi historia en un triángulo ficticio. El mí es un papel secundario que forma parte del flashback, pero que tiene su nivel de  importancia en la historia global”.
La experiencia ha sido un reto personal de lo más positivo para Cabo, que nunca imaginó que el cine acabaría cruzándose en su camino. “Cuando me pidieron colaborar lo dudé pero, al final, pensé que era una oportunidad de hacer algo interesante y distinto. Advertí a todos de mi falta de experiencia en la interpretación y, por supuesto, mi carencia de talento. No considero tenerlo para ser actor, soy realista. No creo que me salgan más oportunidades, ni que los derroteros de mi vida vayan por ahí pero, si surgiese otra oportunidad de participar en un proyecto serio y bien hecho, lo haría otra vez sin dudarlo”.
-¿Me encuentro ante un César diferente ahora?
-Te encuentras ante el que retoma su normalidad, aterrizando después de un tiempo de vuelo que no estaba previsto. Un vuelo con turbulencias severas que yo no esperaba, que fue muy difícil pero que, pese a todo, me ha permitido aterrizar.
-Con la perspectiva que da el tiempo, ¿cómo recuerdas la transición de ser “el deseado al más odiado”?
-Nunca me consideré alguien deseado, por mucho que las redes sociales crearan perfiles en ese sentido. Mi etapa como portavoz ha estado marcada por los mordiscos de la opinión pública, aunque tengo que reconocer que hizo mucho ruido –en un momento determinado- la parte buena de la polémica. En diciembre fue todo mucho más difícil. No estaba preparado para esa bomba informativa, pero era mi obligación estar ahí y defender lo que muchos consideraban indefendible. Dí la cara en todo momento y nunca me arrepentiré de eso.
-Fuiste la diana de todos los dardos. ¿Fue así porque no se puede ser rubio, de ojos azules y supuestamente rico o porque lo hicisteis rematadamente mal?
-Creo que todo fue una combinación de elementos. Desde los medios y desde el Gobierno se predispuso a la opinión pública en nuestra contra. Y tuve que hacer frente a eso con todas sus consecuencias. ¿Factor envidia?..Vivimos en una sociedad en la que cuesta hablar bien de la gente. Cuando me paro a pensar qué personaje público levanta unanimidad, en cuanto a aceptación y simpatía se refiere, sólo me viene a la cabeza Rafa Nadal. Me parece significativo que no haya más gente que sea un ejemplo a seguir. Yo no puedo pretender ser aceptado por todo el mundo, así que me defendí sin perder nunca los nervios ni levantar la voz.
-Si hubieras tenido otro físico menos agraciado ¿habría sido diferente el linchamiento mediático?
-Hay quien cree que habría sido peor y quien piensa que fuí un escudo perfecto. Nunca me creí mimado por un sector y dilapidado por otro. Ocupar el puesto que tenía en la portavocía del sindicato me llevó a defender siempre aquello en lo que creía, que es mi profesión y también mi obligación. Nuestro trabajo fue hacernos escuchar y eso lo conseguímos. Lo que vino después, lo bueno y lo malo de esa etapa, forma parte de mi puesto como portavoz.
Teníamos todos los elementos en contra (Gobierno, opinión pública, prensa..) pero, a pesar de eso, conseguimos ser escuchados. Y ése es el logro que me enorgullece. Con la perspectiva que da el tiempo reconozco que -tal vez- nos pasamos de frenada, nos expusimos demasiado. Pasamos de no aparecer nunca en los medios, de que la gente no supiese si los controladores éramos marcianos, a estar hasta en la sopa. A veces, en una situación de esta magnitud, es muy difícil encontrar el término medio.
-¿Por qué dejas de ser portavoz?
-Era la decisión más acertada después del año tan duro que me tocó vivir. Tenía que alternar las labores en la portavocía con mi trabajo de controlador. Fue muy duro el cierre del espacio aéreo en el puente de diciembre y todo lo que vino después. La noche del día 3 fue la peor de mi vida. Tuve ataques de ansiedad, no conseguí dormir ni un segundo. Era consciente de la situación pero, sobre todo, me preocupaba que el equipo de comunicación tenía que salir a dar la cara y explicarle a la gente que aquello no era lo que parecía.
Aún así, no me arrepiento en absoluto de ese año porque ha sido la experiencia vital que más me ha hecho aprender. Si pudiera volver atrás y, aún sabiendo lo que se me vendría encima ese “via crucis mediático”, lo volvería a hacer. No siempre estuve de acuerdo con el sindicato, pero mi valoración global es positiva e hice lo que tenía que hacer, defender mi profesión aún a riesgo de que me criticaran. Eso ha sido lo mejor de la experiencia, aunque también tengo que reconocer que me he sentido muy injustamente tratado en toda esta aventura, sobre todo por algunos periodistas de cierto nivel que me han escuchado con muchos prejuicios.
-¿Mereció la pena lo vivido?
-Sin duda, aunque he pasado por momentos de auténtico miedo, ésa es la verdad. Me han insultado por la calle y me han llegado a desear la muerte por internet y, tras el caos de diciembre, llegué a salir de mi casa con el casco de la moto puesto para que no me reconocieran. No soy como la gente piensa, pero tengo que asumir la imagen que tienen de mí.
No soy un pijo millonario, como se creen algunos. Vengo de una familia de clase media. Trabajo desde los 18 años. Estudié en colegio y universidad públicos. He sido dependiente en una tienda de Disneyland París, camarero en Australia, vendedor de zapatos en San Francisco, taquillero en Ifema, profesor de español becado en Usa. Esos trabajos me permitían ganar un dinero para complementar mi formación. No me ha venido todo regalado en la vida. No soy rico, pago mi hipoteca como todo el mundo y ojalá ganara lo que dicen, porque me saldrían mucho mejor los números.

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