DE MERCADILLO CON SARAH JESSICA PARKER

Conozco a poca gente que no le divierta un mercadillo. Las hay que son auténticas «carne de cañón», con graduados «cum laude» en lo que en ellos se puede encontrar. Yo no me considero una experta, pero me encanta «patearlos» en las diferentes ciudades que visito.
Los de Roma los tengo muy controlados. No son muy grandes ni glamourosos, pero tienen un encanto que convierte en adicción cada visita. No compro tanto como miro, pero algo siempre acaba viajando en la maleta de regreso.

En los festivales de cine siempre hay algún día que yo llamo «valle», en el que las películas alternativas, de presupuesto más moderado, que representan a países menos mediáticos, son las protagonistas del día. Son, casi siempre, las que acaban ganando el premio gordo pero, al no tener actores reconocidos para el gran público, suelo dejarlas para los críticos y yo procuro activar un «plan B» en la ciudad de turno, que me lleve a un museo, una exposición interesante o, como hice en el fin de semana, a un mercadillo para desconectar un rato y dedicarme a palpar la ciudad.

Los puestos de venta del Trastévere romano son de los más apreciados entre los amantes de estos lugares. Solamente hay mercadillo los domingos y acudir a él es casi un ritual. Unas compras y luego un plato de pasta en alguna de las increíbles trattorias del emblemático barrio, situado al sur de la Ciudad del Vaticano, es un planazo para turistas y los que no lo son.

Son tantas las ofertas y tan variadas que, cada uno, va a su ritmo y tan ensimismado en su mundo para que nadie le arrebate algo «a lo que ha echado el ojo», que apenas reparas en lo que tienes a tu alrededor. Y, en esas andaba yo, cuando escuché a unas señoras decir:»sí que es ella, sí que es ella». Así que desvié la mirada hacia el objetivo de esas mujeres y allí, entre montones de zapatos, se encontraba una de las actrices consideradas icono de la moda. Sarah Jessica Parker, con la única compañía de un miembro de seguridad, curioseaba -parapetada tras unas gafas de espejo y sombrero borsalino- los distintos puestos del mercadillo.

 La actriz, admirada protagonista de SEXO EN NY, lleva unos días en la ciudad italiana, donde está rodando ALL ROADS LEAD TO ROME («Todos los caminos conducen a Roma», una frase de leyenda de sobra conocida), una película en clave de comedia romántica que tan bien se le da a la neoyorkina. Obviamente, por mucho que me picara la curiosidad, no me dediqué a observarla persiguiéndola por todo el mercadillo, pero la prensa romana publicó, en sus páginas sociales, las andadas de la actriz al milímetro. Al parecer, a pesar de que estuvo a punto de comprar un vestido rosa que vio en una de las calles comerciales más conocidas de la ciudad, no se llevó ni un mísero colgante. Eso sí, al paladar le dio gusto disfrutando de unos spaguetti carbonara, ensalada caprese, vino tinto y un buen capuccino. Esa sí es una dolce vita..

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