NUEVA YORK, LA CIUDAD QUE NUNCA DUERME

New York es mucho más que una canción mítica de Sinatra. Esta ciudad es el adalid de muchas experiencias, vivencias inolvidables, momentos que marcan una vida y, también, ese lugar perfecto para pasar esa página vital que te falta para acabar el libro. Cualquier disculpa es buena para acercarse a la ciudad que nunca duerme..

Es una realidad que, depende quién te enseñe o con quien viajes a un lugar, puedes tener la sensación de visitar una ciudad distinta. Con New York ocurre eso y más. Son tantas ciudades en una que, por mucho que la visites, cada vez descubrirás cosas en las que antes no habías reparado.
He perdido ya la cuenta de las veces que he venido a esta ciudad. Sí recuerdo que la primera fue con Isabel Pantoja, en una gira por tierras americanas. Actuó en el Madison Square Garden cuando era un hito hacerlo allí. Sólo los elegidos como Julio Iglesias, Plácido Domingo o Raphaelhabían pisado antes ese escenario, muy dosificado para los artistas españoles. Luego, por fortuna, han sido unos cuantos más los que han podido llenar el aforo de tan reputado lugar.
Recuerdo que la ciudad me impactó. Esos rascacielos sin fin en el firmamento, el carrusel de luces de colores que, ni de noche se apagan en las oficinas de Manhattan, sus genuinos taxis amarillos, el manantial de razas por sus calles, la oferta cultural sin límite. Descubrí una ciudad viva y, también, muy independiente. Me habían dicho que el neoyorkino siempre va a lo suyo, que es competitivo y que no se pararía ni ante un hombre desmayado en plena 5ª Avenida. Esa frialdad sí es algo que pude comprobar en sucesivas visitas y, tal vez, es lo que menos me agrada de esta ciudad que cada día me conquista más.
Si bien es verdad que siempre digo que me encanta venir a New York sabiendo que vuelvo a casa, no me importaría pasar una temporada trabajando. Creo que la adrenalina que aquí se consume puede tener su lado terapeútico, didáctico y, por consiguiente, muy beneficioso para la experiencia vital. De momento, me conformo con los viajes esporádicos que, por trabajo u otros motivos, me acercan a esta ciudad en la que he vivido varios años la semana de la moda, entrevistado a medio Hollywood o vivido momentos personales que, ahora, ya forman parte del recuerdo.
Por segunda vez en tres años, despediré este año aquí. Nada tiene que ver la tradición de nuestras uvas con lo que se vive en Times Square. Las campanadas de la Puerta del Sol se convierten aquí en la subida y bajada de una bola, muy «Fiebre del sábado noche». en un reloj, situado en pleno corazón de la emblemática plaza de Broadway. Desde primera hora de la mañana del día 31, truene, nieve o relampaguee, miles de neoyorkinos se posicionan allí para no perder ni un detalle…pero esas curiosidades serán protagonistas de otro post neoyorkino..

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