RICHARD GERE, ETERNO OFICIAL Y CABALLERO

Sólo, sin guardaespaldas, sin publicistas que controlen cada uno de sus movimientos. Así llega Richard Gere al encuentro con la prensa en el festival de cine de Roma. Recién cumplidos los 62 (agosto 1949), vestido de la manera informal y austera que acostumbra, el “seductor por excelencia” me saluda con un “gracias por venir” en perfecto español. Le entregan el enésimo premio de su vida y demuestra la misma ilusión que el principiante que recibe el primero. La humildad de este chico de Filadelfia me sigue despertando una admiración sin límites..Cada día me convenzo más que es el hombre de mi vida, pero él no lo sabe…



La presencia del “Oficial y Caballero” por excelencia, galardonado con el premio MARCO AURELIO de esta edición, ha sido -durante todos estos días- el principal reclamo para que la prensa especializada esperase hasta el final del festival “al pié del cañón”. Sabedores todos del poder mediático de Richard Gere, su aparición estelar se programó “con premeditación y alevosía” para la recta final.
La concesión del premio honorífico al intérprete de PRETTY WOMAN, OFICIAL Y CABALLERO, CHICAGO y OTOÑO EN NEW YORK (por citar algunos de sus éxitos más significativos) responde “ a sus más de treinta años como actor extraordinario, que ha sabido salvaguardar su calidad como ser humano”. Y es que este hombre de pelo cano, ojos color miel y nariz peculiar ha sabido -como pocos- sobrevivir al éxito, a la ausencia de vanidad y a la presión mediática por muy insostenible que fuese. “Madurar espiritualmente me ha ayudado a conseguirlo” –comenta en nuestro encuentro informal en Roma-. “La cosa más difícil de afrontar en la vida es el proceso de madurar. Parece que todo se conjura contra ti, obligándote a mantener la emoción superficial de los veinte años, esa edad en la que eres más inseguro e inestable. Parece que te resistes a crecer. Yo he pasado por eso, pero decidí evolucionar y no quedarme anclado en la inmadurez”.
Es el momento en el que decide viajar a la India, conocer al Dalai Lama y abrazarse al budismo. Cumplió los treinta siendo ya un practicante convencido. Escucharle hablar de esa etapa, de su evolución como ser humano, de la tranquilidad de espíritu que le ha proporcionado esa religión, es contagioso y te aporta una serenidad que te dan ganas de seguir su estela por el mundo.” El budismo me ha llenado de paciencia, tolerancia y hasta me ha dotado de una gran generosidad” –dice con cierto atisbo de orgullo- “Me enseñó a entender el dolor, las frustraciones, a amar a mi mujer y mi familia de una manera intensa, con voluntarias renuncias, sin esperar nada a cambio. Ahora estoy enamorado de mi mujer con una profundidad y entrega distinta a la de mi primer matrimonio”.
Te habla de “sus cosas” con la naturalidad de quien no tiene la sensación de que, al hacerlo, está desvelando demasiado y le estás invadiendo su intimidad. Por eso es de los personajes que te dan siempre más de lo que reciben. Robert Redford y él son los únicos actores que te dejan con “mono de una charla más larga”. Sus conversaciones son interesantes, nada engoladas, ocurrentes, normales.. Algo muy difícil de encontrar en su gremio, donde la mayoría no dejan de alardear de sus logros y de lo estupendos que están en sus películas.
Tal vez lo que muchos no sepan es que Gere es uno de los pocos actores de Hollywood a los que, desde hace tiempo, no se le invita a hablar y presentar un premio en la ceremonia de los Oscar. Hace unos años subió al escenario del Theatre Kodak de L.A. en una de las entregas de los premios. Llevaba en su smoking un lacito rojo en defensa de la lucha contra el sida e hizo un llamamiento a favor de la liberación del Tibet. A partir de ese momento le calificaron de “aguafiestas” y no le han vuelto a invitar a hablar en dicho acto.
Y, a juzgar cómo ha ido transcurriendo su vida –en todos los sentidos-, estoy convencida que su asistencia a los premios de la Academia no está entre sus prioridades. Es de los que vive su vida, no olvidándose nunca que un día, a los 20 años, cuando trabajaba como camarero en LA, le sirvió la cena a Robert De Niro.”Algún día seré tan rico y famoso como tú”, le dijo. Y el tiempo se ha encargado de no hacerle quedar mal…

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