LA JAULA DE LAS LOCAS

La primera vez que se estrenó «La Cage aux folles» (La jaula de las locas) fue en París en 1973. A partir de ese momento, empezó a representarse por los escenarios del mundo. Era una obra de teatro del dramaturgo francés Jean Poiret. Fue entonces cuando comenzaron a sucederse diferentes versiones en la gran pantalla, la primera en mayo de 1979. Tras su revolucionario éxito, no exento de alguna polémica, se rodó años después una segunda parte que respondió al dicho de que no siempre son buenas esas segundas oportunidades. Pero la versión que sí revolucionó el panorama cinematográfico fue la de 1996 que, bajo el título «Una jaula de grillos», logró reunir a un reparto adictivo que enalteció la original. Robin Williams, Gene Hackman, Nathan Lane, Diane West, Hank Azaria, Calista Flockhart y Christine Baranski dieron buena prueba de ello.

La apacible vida de Albert y Armand, una pareja homosexual, se ve totalmente alterada ante la inminente boda de Val, el hijo de Armand, con la hija de un senador ultraconservador. El político, que desea promocionar los valores tradicionales de la vida familiar, decide visitar a la familia del novio, sin saber con lo que se va a encontrar

Era cuestión de tiempo que la historia se convirtiese en «carne de musical». Lo más complicado, tal vez, era encontrar al valiente que se arriesgara a poner en pie una producción de ese calibre. Pero siempre hay un romántico en la interpretación que se lanza a la aventura. Quien no arriesga no recibe…y eso es lo que debió pensar Àngel Llàcer cuando decidió convertirse en director y protagonista de «La jaula de las locas» que, tras triunfar en Madrid y Barcelona durante meses, recorre ahora toda España. Esta semana recala en A Coruña y qué mejor disculpa que volver a disfrutar del espectáculo y recordar mi última conversación con el polifacético catalán.

Àngel es divertido, cercano, entrañable y dueño de un ramalazo de timidez que no esperas en él. Lo suyo siempre ha sido el teatro, aunque el reconocimiento mediático le llegó gracias a la televisión. Aquel profesor de la academia de OT sigue siendo hoy un libro abierto en experiencias artísticas que sigue impartiendo a los concursantes de “Tu cara me suena”, que ya está grabando una nueva edición. Pero, donde de verdad se siente pleno, es encima de un escenario, donde representa “La jaula de las locas”…

-Tu cara me suena..

(risas) “¿En serio? ¿Ah sí, te suena mi cara? Fíjate que yo pienso que no le suena a mucha gente. Mis amigos siempre me dicen “todo el mundo te conoce” y no es verdad. Yo estoy convencido que hay un porcentaje muy elevado de la población que no sabe quién soy. Y eso, no me malinterpretes, me crea mucha incomodidad”.

-¿Y eso por qué?

“Pues te digo. Yo siempre me enfrento a las personas pensando que no me conocen ¿vale? y me incomoda que me conozcan porque hay cosas que ya no controlo. No sé, “hola, soy Ángel” y me dicen “Ya lo sé”, entonces ya me siento mal porque se va de mis manos lo que puedan saber”.

-¿Has dejado de hacer cosas por temor a que te reconozcan?

“¡Y tanto! Yo, cuando era pequeño, siempre era el niño que hacía el show, representaba el “Un, dos, tres”, hacía de Mayra Gómez Kemp delante de mis padres y mis primos. Era el que la liaba siempre. Cuando íbamos a los sitios siempre hacía tonterías, siempre pasaba ese límite y la gente se reía. Y ahora ya no lo hago, porque antes decían “qué divertido es este chico” y ahora, si lo hiciera, dirían “qué imbécil es este famoso”. Es la percepción que yo tengo”.

-Pero no puedes obviar que la gente, en parte, también espera eso de ti..

·”Es que soy muchas cosas más que ser gracioso (risas). También te digo que yo soy un tipo bastante pausado y equilibrado”.

-¿En serio?

“Síiiii, mucho. Eso te lo pueden decir las personas que me conocen”.

-¿Cómo es el Llàcer al que la gente no tiene acceso entonces?

“Un perro pachón”

-¡No te creo!

“Soy muy tranquilo. Llego a casa, tranquilo, hago mis cositas.. Ahora me ha dado por los legos. Los hacía de pequeño y, como ahora estoy en un apartamento en Madrid, me he dado un capricho y me los he comprado. Soy muy poco de caprichos..”.

-Pues hay que mimarse..

“Sí, tienes razón. Te juro que lo hice y pensé ¡qué bien me he quedado! Porque nunca me compro nada, no soy nada caprichoso. Estoy montando “Strangers things”. Empecé con la cafetería de “Friends” y ahora estoy con eso, así me entretengo”.

-Lo que te demuestra que hay vida más allá del escenario..

“No te creas que mucha. Realmente, “La jaula de las locas”,  una de las cosas que hace es que te obliga a vivir para ella. Toda mi vida es en relación a poder cantar “Soy lo que soy” cada noche. Eso es así. Por ejemplo, esta mañana me he levantado, he ido a entrenar, ahora estoy contigo charlando, luego me voy a fisio porque lo necesito, haré una siesta de dos horas obligado porque tengo que descansar. Y todo así, incluso la siesta que puede parecer algo lúdico, me obligo a hacerla para luego poder estar bien. Yo tengo que estar súper descansado y toda mi vida, cuando estoy representando esta obra, está enfocada en relación a eso. Tengo disciplina a la hora de irme a dormir, no bebo, no fumo, no como en exceso..”.

-¿Renuncias?

“A la vida, sí.. Sin duda”.

-¿Y compensa?

“Compensa porque se acaba (risas). Estoy esperando que llegue el final de las representaciones para poder engordar (risas). El teatro es así, son épocas. Esta función llevamos mucho tiempo haciéndola y, a lo largo de los meses, tú vas cambiando. Cuando canto “Soy lo que soy”, yo intento ser muy sincero en ese momento y no soy el mismo que hace un año y medio, ahora lo canto desde otro sitio”.

-Se sale del musical con muy buenas sensaciones, con ganas de repetir..

“La verdad es que la gente sale con muy buen rollo y yo creo que ese es el éxito de esta obra. La gente, cuando sale, la recomienda y piensa en volver con una persona querida. Cuando eso ocurre es porque, realmente, está muy bien y has cumplido el objetivo”.

-¿Qué ha sido lo mejor de la travesía? ¿Qué te llevas de esta aventura?

“Pues mira… el haber aprendido a cantar (risas). Las clases de canto son siempre para mí como una pesadilla, no las disfruto al cien por cien porque siempre estoy pensando si voy a llegar al tono o no voy a llegar, voy a poder o no voy a poder..”.

-Creérselo y la actitud es fundamental..

“Tengo una buena actitud ¿eh?, porque no soy una persona negativa pero, siempre que empiezo “Soy lo que soy”, tengo miedo. La habré cantado centenares de veces esta canción y solamente dos veces me he sentido poderoso. Y eso es lo que tendría que ser cada noche, cantarla y sentirme poderoso”.

-Me lo habían dicho, pero también lo he comprobado: la función dura cada día de una manera distinta..

“Ahora ya no, ya me he controlado. Me he centrado, he dejado de improvisar tanto y ya hago la obra original (risas). Ya me ciño al libreto pero, sí es verdad, a que a veces improviso un poco para divertir también a mis compañeros. Y, por supuesto, al público que ha descubierto, en esta obra, que también soy actor. Toda mi vida he hecho teatro y la televisión es algo anecdótico en mi vida, aunque es cierto que tiene mucha más repercusión”.

-He leído que has dicho que ves la televisión menos que usas la tostadora..

“Pues sí (risas) Hasta no me acuerdo cuándo fue la última vez que he usado la tostadora. La tele no la enciendo nunca. No sé lo que es cambiar de canal. Ni tampoco me veo. Al principio lo hice alguna vez, pero ya no. Y no lo hago por aburrimiento, porque ya lo he vivido. Lo importante es cómo estás en el momento que lo haces y cómo te sientes. Luego me olvido de todo”.

-¿Es porque el peor crítico está en casa?

“Tampoco me critico mucho. La gente opina tanto de las personas que salimos en la tele… Simplemente por existir ya caes bien o mal, así que como ya sabes que es absolutamente arbitraria la opinión que pueden tener de ti, pues ya no me preocupo de nada. Lo llevo bien”.

-¿No lees lo que escriben de ti o de lo que haces?

“No porque, al final, lo que te compensa y lo que te hace feliz es el tiempo invertido en el trabajo que has hecho”.

-En “La jaula” ¿Eres más Albin o Zsa Zsa?

“Yo soy más Zsa Zsa, aunque tengo algo de Albin. Es inevitable ser una mezcla. A veces soy súper sorpresivo y muy inocente, pero otras no soy nada inocente y soy muy largo.. Creo que somos de muchas maneras y yo me dejo ser. A mí lo que me gusta es ser muy sincero y nunca miento. Y esa es una tranquilidad para la otra persona. “Un día me dijiste que…” ¡Pues sería verdad!”.

-También da disgustos ser tan transparente..

“Bueno, depende… Si eres educado no tiene por qué. Yo siempre voy muy de cara, la gente sabe cómo soy y no sorprendo nunca. Es decir, cuando yo llego, tú ya sabes lo que va a pasar. Siempre se me ve venir. Hay un abanico de opciones, no muy amplio. Puedo estar de mal humor, enfermo, cansado, divertido, feliz.. Nunca vas a decir “no me esperaba esto de Ángel”, porque soy muy claro”.

-¿Cuándo te empiezas a sentir Zsa Zsa?

“En el momento en el que estoy encima del escenario y me brota ese punto de impertinencia que tiene. A veces, yo también soy así, pero creo que mi impertinencia es muy llevadera”.

-Antes me comentabas que, de niño, eras el que hacía todas las gracias ¿Sigues teniendo los mismos amigos de siempre?

“Sí, sí.. De niño tengo tres o cuatro, a los que se fueron añadiendo los de la facultad. A veces me pregunto ¿Cuándo hiciste el último amigo? Y, cada vez, te das cuenta que hace más tiempo que lo hiciste. Cada vez es más difícil hacer amigos. Y es muy fuerte el tema·.

-¿Y por qué crees que ocurre eso?

“Porque estamos cansados, la vida cansa. En el teatro, como jugamos con las emociones, siempre creas unos vínculos muy fuertes con las personas con las que trabajas pero, cuando acaba el proyecto, ya no las ves nunca más. Cierto es que, cuando los vuelves a encontrar, te hace mucha ilusión. Con mis amigos de la facultad, nos obligamos a vernos y cenar juntos porque pueden pasar años y no nos vemos. Hay momentos en los que hay que aprender a priorizar”.

-¿Recuerdas que hayas sido un niño feliz?

“Yo siempre he sido feliz. Cuando era pequeño, mi madre y sus primas hacían conmigo lo que les daba la gana. Me vestían, disfrazaban, me llevaban de un lado a otro. Mi madre me tuvo a los 22 años, así que eran chicas jóvenes todas. Siempre fui de fácil contentar y, como mis padres no paraban de salir, me llevaban con ellos a cenar, me sentaban en esas sillas de los restaurantes y allí estaba yo con ellos tan contento. Recuerdo dormir en esas sillas cantidad de veces, me hacían una camita juntando dos y yo tan feliz. Era un niño que no hacía nada, cero molesto”.

-Con los años, cuando les dices que te quieres dedicar a esto ¿Disgusto o alegría?

“Alegría ninguna, disgusto. Estas profesiones nuestras dan inseguridad pero, sl final, te das cuenta que somos más felices haciendo esto que cualquier otra cosa que nos hubieran obligado nuestros padres. Habría que decirles siempre que ellos no pueden o no deben evitar lo que su hijo quiera ser a nivel personal y profesional porque, por mucho que luchen en contra, acabaremos haciendo aquello que sentimos. Y, si no es así, seremos infelices por su culpa. Y hay muchos padres que crean hijos infelices. Y, como consecuencia, se crea esa mundo infernal de envidias, celos, ambición..”.

-¿Eso existe para ti?

“No, nunca he tenido envidia de nadie. Es fuerte eso ¿eh? Bueno, si tengo que ser sincero, sí te digo que yo quiero ser Pablo Alborán. Eso sí, es lo único que me gustaría ser”.

-¿Se lo has dicho a él?

“No (risas). Quiero ser él porque hace lo que quiere, vive como quiere, tiene talento, es guapo, creativo, hace canciones en las que explica lo que quiere, llega a un sitio y ¡tiene poder! Eso sí lo envidio”.

-A mí me pasa con Pablo López.. ¡Qué tendrán los Pablos!

“Bueno, ese es otro. Pablo López me fascina. Haría cola para verlos a los dos. Nunca los he visto juntos, pero me dicen que son muy amigos..”.

-La profesión os acabará juntando ¿Nunca te has arrepentido del camino seguido?

“La verdad es que no. Siempre me he guiado por mi intuición y no me ha ido mal.”.

-Eso es un privilegio..

“Lo es, pero el auténtico privilegio es no tener miedo. Yo nunca lo he tenido, ni siquiera al fracaso”.

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