CUANDO LOS SUEÑOS SE CUMPLEN

A lo largo de mi andadura profesional, me he encontrado con poca gente más íntegra, honesta y leal que Antonio Banderas. No es nueva mi admiración y respeto por él. Son ya muchos años de relación profesional que, con el tiempo, se ha tornado en afecto personal.

Me gusta de él su cercanía, su ausencia de vanidad, su humildad, su lucha por ser fiel a sus raíces, por no olvidar nunca sus orígenes y tradiciones. Recuerdo que una vez me contó, en una de las primeras entrevistas que le hice estando ya en Hollywood, que los primeros años allí fueron muy duros. “No sabía inglés. Mi primer papel en “Los Reyes del Mambo” me lo aprendí de memoria, sin saber lo que decía. No podía venir a España, porque tenía que focalizar toda mi energía en salir adelante allí. Cuando llegaba la Semana Santa era lo peor. Como no podía dejar de sentirla de alguna manera, llamaba a mi hermano Javier y le decía que sacara el teléfono por la ventana para poder escuchar el sonido de los pasos de mi Hermandad”.

Detalles como ésos son los que han hecho de él lo que hoy es. No olvidar tus referencias, saber de dónde vienes. He confesado siempre, sin el más mínimo pudor, que es una de mis debilidades. Pudiendo vivir haciendo alarde de “los tics de megaestrella”, que suele proporcionar Hollywood, Antonio sigue siendo el de siempre: amable, natural, sin regatearte un halago, dándote siempre tu sitio y entendiendo el trabajo que nos corresponde ejecutar.

 Sigue teniendo una de las miradas más hipnotizadoras de la gran pantalla. En la serena madurez, que está viviendo, aguanta el primer plano como si se hubiese quedado anclado, en esos veinte y pocos años, con los que deslumbró a todos en la meca del cine. Nunca ha disimulado la ilusión y el orgullo que le produce ser un actor de élite, pero su empeño está en cultivar un talento que, desde que cruzó el charco, no ha hecho más que crecer. Sin embargo, desde hace un tiempo, Antonio quería empezar a ser menos actor y volcarse más en su faceta de director y productor.

Con su Málaga siempre presente y una mente inquieta, que deambulaba entre platós de rodaje, creación de perfumes, pinitos en la restauración y estudios de diseño, Banderas decidió poner a su ciudad en la órbita del espectáculo y, en tiempos que se antojaban triunfales y se tornaron difíciles, inauguró el teatro Soho CaixaBank y cumplió uno más de sus sueños.

Arrancó la aventura con uno de los musicales más emblemáticos de la escena internacional, “A chorus line”, y en nada tuvo que bajar el telón porque la pandemia nos cambió la vida a todos en un parpadeo. Cuando las aguas volvieron a su cauce y empezamos a ver la luz al final del túnel, anunció gira por España. Mientras tanto, su teatro activaba otras producciones, porque el verano era el momento de conjugar cultura con playa. “En la pista” fue la refrescante oferta estival. Luego vino «Company», con Antonio en escena y que ahora anuncia desembarco en Madrid a partir del 17 de noviembre, sin olvidar «Godspell», una nueva producción en colaboración con Emilio Aragón. Dicen que todo llega y añado que es duro mientras no se materializan los deseos pero, cuando lo consigues, el disfrute es inigualable cuando los sueños se cumplen...

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