¿QUÉ FUE DEL «DOCTOR MACIZO»?

Parece que fue ayer cuando nuestras vidas se revolucionaron y las hormonas comenzaron su particular carnaval al descubrir un nuevo rostro, muy a tener en cuenta, en la pequeña pantalla. Nacía una nueva serie de médicos tras la alargada sombra de «Urgencias», que venía dispuesta a la aparente difícil tarea de hacer olvidar al doctor Ross (George Clooney) y todos sus compañeros de hospital.

No se auguraba que fuera fácil pero un actor, que hasta ese momento no pasaba de papeles secundarios, jubiló «a golpe de bisturí» y de una sonrisa embelesadora al icono masculino por excelencia. Patrick Dempsey se convirtió en «sensual objeto de deseo» de media población femenina. Durante once temporadas, Derek Shepherd se adueñó de «Anatomía de Grey» y se instaló en los sueños millones mujeres de todo el planeta que, de la noche a la mañana, se quedaron «sin mito erótico» ante la muerte del actor en la serie.

Sin previo aviso, sin anestesia, el «doctor macizo» se «cansó» de llevar la bata blanca y anunció su abandono. Como suele ocurrir en estos casos, los guionistas buscaron una salida airosa del personaje que, en la mayoría de los casos, muere de una enfermedad o de un accidente de tráfico, como es el caso que nos ocupa. Pero, la verdad de la ausencia, era distinta a su cansancio. La convivencia de los actores con «el doctor Shepherd» se hizo insoportable, sus malas formas, cambios de humor e indisciplina fueron los reales motivos de su desaparición de la serie.

Dempsey era un actor del montón hasta que «el mundo Grey» llegó a su vida y los ojos de medio universo se centraron en él. La fama tiene esos caprichos a veces y no atiende a razones. Ídolo de adolescentes en los 80, gracias a la serie, su nombre empezó a resultar indispensable en las listas de los más «guapos, elegantes y sensuales». Le nombraron «el novio de América» y «el hombre vivo más sexy del mundo», calificativos que nunca le inmutaron porque jamás olvidó que, hasta que «Derek» irrumpió en su cotidianidad, era un actor al que le costaba administrar su sueldo para llegar a fin de mes.

Tuve la oportunidad de entrevistarle en Londres, en el momento más álgido de su popularidad. Hablamos del éxito, la fama, las inseguridades, luchas, momentos de desánimo. Tímido y de voz suave, era consciente de que su vida había dado un vuelco desorbitado. «Siempre he sabido que esto es pasajero», me dijo. «Lucho para que la vanidad no se apodere de mí. Por suerte, mi familia me tiene los pies bien atornillados al suelo. Son mi referente constante».

Antes de que el prestigioso neurocirujano llegase a su vida (papel que, inicialmente, le ofrecieron a Rob Lowe), Demsey se presentó al casting de «House». «Siempre me quedará la duda de cómo habría sido la aventura si yo lo hubiese interpretado. Hoy no cambio mi vida en el hospital Grey por nada del mundo. El primer día que me pusieron el guion en las manos, tuve claro que tenía que formar parte de esa serie. Es de esos papeles que justifican ser actor. Han merecido la pena todos los sinsabores».

Ni en sus mejores sueños imaginó que, después de ese primer día de rodaje, vendrían muchos más. Dieciocho temporadas lleva la serie y, en la mochila de Patrick Dempsey, la experiencia de once de ellas. Millones de corazones desarmados, tras un adiós de la que creían larga vida del actor, se preguntan hoy qué ha sido del «doctor macizo».

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