VUELVE EL REY MIDAS..

Tengo la extraña manía de hacer balance de vez en cuando. Es una manera de purgar el ánimo, de valorar los logros y de activar el poder sanador de rectificar. No hay un momento concreto para ese repaso, pero suele suceder sobre estas fechas. Supongo que, la cercanía de dar carpetazo a un año más, influye.

Pensando en ello estos días, me ha venido a la cabeza la suerte que tenemos en poder cumplir sueños. Yo no soy de ponerme metas, ni de listones que debo ir superando para sentir que avanzo. Soy bastante realista, con los pies bien atornillados en el suelo. Sin embargo, nunca he podido resistirme a pensar que, algún día, una ilusión podría cumplirse. Y esta profesión me ha dado unas cuantas.

Mi trabajo me ha proporcionado más de lo soñado y me ha permitido conocer a gente a la que nunca imaginé que podía acceder. A veces, los sueños se cumplen y la vida, tan caprichosa en ocasiones, te sorprende haciendo posible que apruebes, incluso ¡con nota!, asignaturas pendientes. Una de las mías, hasta hace muy poco, era llegar a entrevistar algún día al hombre que me hizo soñar con su cine. Un hombre al que, no hace mucho, la prestigiosa revista Forbes le nombró «el más influyente del mundo», desbancando a la todopoderosa Oprah Winfrey.

Conocer y, sobre todo, entrevistar a Steven Spielberg era algo que se me antojaba casi imposible. El que hizo posible volar mi imaginación de niña con sus películas, no se caracteriza precisamente por hacer concesiones a la prensa. Su inaccesibilidad es algo intrínseco en su carácter discreto y alejado de los focos mediáticos, no es soberbia ni altanería. Le ocurre lo mismo que a Clint Eastwood quien, al margen de por un problema auditivo creciente, evita bastante los encuentros con los medios.

Con el «rey Midas» de Hollywood mantuve una larga charla sin guion pactado, sin vetos, sin preguntas prohibidas. Todo un «caramelo» para los que nos dedicamos a esto y que estamos acostumbrados a caprichos, peticiones extrañas y todo tipo de impedimentos que no trascienden al gran público, pero que son de imprescindible aceptación si quieres llegar a entrevistar a la celebrity de turno.

Spielberg es como ese vecino amable, que vive en la puerta de al lado y te cuenta sus batallitas cuando te encuentra en el ascensor por la mañana. Con un look nada rebuscado (jeans, jersey de punto azul marino, camiseta de algodón blanca debajo de camisa clásica azul claro y blazer) se mostró sonriente en el encuentro, que mantuvimos en el hotel Villamagna de Madrid.

De físico menudo, amable, cercano, hablador y de interesante conversación. A lo largo de media hora, mientras tomaba un «black thé», fue salpicando -con anécdotas y chascarrillos cotidianos- todas sus vivencias en el cine. Contadas son las entrevistas que ha concedido a lo largo de su trayectoria «porque mi misión es contar historias en la pantalla. Esas son mis entrevistas». Y lo confesaba mientras miraba la portada de mi libro fetiche «SPIELBERG, LA RESTROSPECTIVA», en el que más tarde escribiría «To Amalia, Enjoy!.

Su regreso con «West Side Story» era y es uno de los acontecimientos del año. Desde el mismo día del comienzo de su rodaje, se activaron todos los resortes de los amantes del cine del «chico de Cincinnati». No hay más que leer los comentarios de quienes han podido ya verla en salas para tener que certeza de que nos encontramos ante otra de sus obras maestras. Siempre digo que «el libro de los gustos tiene las páginas en blanco» y que es muy difícil aunar una misma opinión en torno a una determinada acción, pero lo que no se le puede negar a este grande de Hollywood es un talento incuestionable. Siempre es una enorme noticia el regreso de este «rey Midas»…

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