SIEMPRE EL 11 S

Parece que fue ayer cuando el 11 S de 2001, a las 9 de la mañana, sin saber qué había pasado realmente, la ciudad de Nueva York enmudeció, se convirtió en una “ghost city” y el silencio sustituyó al habitual bullicio que allí se vive y que la hace diferentemente deseable siempre. Esa fecha coincidía con la Semana de la Moda y allí estábamos unos cuantos periodistas, la mayoría invitados por Custo para asistir a su desfile en Battery Park. Nos alojábamos en el hotel W, en pleno Manhattan (541 Lexington Avenue). Habíamos desayunado pronto, porque el jet lag había hecho de las suyas.

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Nos íbamos de compras al showroom de Marc Jacobs cuando vimos una enorme humareda en la lejanía. Lo primero que se nos vino a la cabeza es un gran incendio en Chinatown, que se encuentra a escasos metros de las desaparecidas Torres Gemelas. A medida que avanzaban los minutos, nos íbamos convenciendo que aquello era algo de una magnitud a tener en cuenta. Nos volvimos al hotel y, en lo que a mí respecta, ahí terminó mi día. Me encerré en la habitación y no aparté la vista de la televisión ni un segundo. De vez en cuando me asomaba a la ventana y veía las aceras vacías de gente, los famosos y emblemáticos taxis amarillos neoyorkinos aparcados, pegados a las aceras de la Lexington Avenue con la 47 Street. Nueva York seguía siendo una ciudad fantasma.

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NY siempre será una ciudad en la que nunca perderé la sonrísa

En mi empeño de olvidar siempre lo malo, aquello que me produce dolor, he aparcado algunos de los instantes vividos. Hablé con mi familia en los primeros momentos de desconcierto y, poco después, nos quedamos sin conexiones de teléfono, internet y sin poder volar de regreso a Madrid hasta varios días después. Las medidas extremas de seguridad, que se tomaron a partir de ese momento, son por todos conocidas. Aún hoy la padecemos y parece que, no se sabe hasta cuándo, seguiremos sin poder pasar líquidos como antes a la cabina de los aviones.

En aquél momento yo trabajaba en Antena 3 y, al regresar, no daba crédito a lo vivido en directo por Ernesto Saénz de Buruaga, Matías Prats y Ricardo Ortega, el entonces corresponsal de la cadena en USA y que falleció tiempo después en Haití, donde fue herido de bala en un tiroteo en Puerto Príncipe, en el que murieron otras cinco personas y 26 resultaron heridas.

Ese ambiente de ciudad fantasma, de silencio, de tristeza y de ánimo noqueado es algo que sólo volví a revivir en los atentados del 11M en Madrid. Son imágenes que se quedan grabadas en la retina, pero más duro es archivar las secuelas emocionales que quedan en el ánimo. Acostumbrada a ver las historias más rebuscadas en la gran pantalla, la realidad superó la ficción en esos dos días 11 que ya forman parte de la historia colectiva.

2 comentarios en “SIEMPRE EL 11 S

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