MAD MEN´S GIRL

He perdido la cuenta de las series que veo al año. De la primera a la última temporada. Algunas se convierten en adictivas, otras de “obligada visión”, algunas pasan a ser “tu serie de cabecera” y otras prescindibles, aunque tengo que reconocer mi enganche a alguna “serie mala favorita”. Y sí, también hay alguna de renombre que no he visto. En una, en concreto, no pude pasar del corte de cabezas en su primer plano secuencia, pero sé que lo conseguiré cuando el ánimo de mi estómago esté preparado para eso.

Don 2

Soy “chica Mad Men” tardía. No caí en la tentación de seguir la moda desorbitada de situarla en la prioridad de mi vida ficticia. Otras ocupaban mi tiempo en esa etapa y decidí dejar pasar el fervor. Hoy, cuando ya todo el mundo llora el adiós de esta serie, me he puesto a disfrutar de sus siete temporadas. Pocas cosas producen tanto placer como poder ver un capítulo tras otro sin esperar, con ansiedad, que llegue la siguiente semana para retomar donde lo dejaron.

Vista la primera temporada en tiempo record y ya sumergida en la segunda, no dejo de preguntarme por qué nos gusta MAD MEN. Es más ¡nos engancha! Esos hombres de los 60, ejecutivos de la elitista Madison Avenue del Manhattan neoyorkino, infieles por naturaleza, machistas, altivos, soberbios, competitivos hasta en las malas praxis. Ellas, las parejas legales, son sumisas y hasta cursis. Las otras, las secretarias e independientes, son voluptuosas, de estética ceñida, trasero provocador y delantera que pide guerra. Devoramos sin medida sus vidas, la mayoría de ellas dobles, y nos dan las tantas sumergiéndonos en sus aventuras.

Don 1

He llegado a la obvia conclusión que quien nos gusta es Don Draper, su protagonista indiscutible. Alabamos su físico de hombre limpio, aseado, bien peinado, sus frases, su personalidad, su modo de fumar mejorando a Humphrey Borgart, le sientan los trajes como una segunda piel y le perdonamos todo, incluso aquellas actuaciones que puede ir en contra de nuestros principios o modo de entender la vida. Pocos sabrán que su nombre es Jon Hamm, con el que tendrá que hacerse un hueco en la interpretación a partir del final de la serie. Es el riesgo de convivir tanto tiempo con un personaje y revolucionar mediáticamente la fama. En algunos casos el personaje acaba succionando a la persona y le complica la vida al actor, que será difícil que pase a la memoria colectiva con otro curriculum profesional.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .