ETERNA ROCÍO

El primer día de junio se cumplen nueve años del momento en el que su voz se apagó. Se fue en silencio, al abrigo de su hogar, rodeada de los suyos. Mientras, en la calle se conocía la noticia con dolor. No por esperada dejó de afectar y sobresaltar a todos. Ha pasado todo este tiempo y los ecos de su voz y el magnetismo de su personalidad aún se escuchan en muchas tertulias televisivas.

En su Chipiona natal siempre la llamaron “emperatriz”, ”paloma brava” en el continente americano, pero todos coincidían al bautizarla como “la más grande” por el prodigioso portento de su voz . Reunía un talento innato inigualable. “A mí me sale de dentro todo lo que canto, siento la música y la poesía”, solía decir. Mujer de emoción dramática, se definía como una persona de arranque, que odiaba la mentira y se rendía ante la ternura.

Eterna Rocío
artículo publicado en el Diario de Pontevedra

Se mostró siempre muy dedicada a su familia, que fue el motor de su vida. A veces sentía algún remordimiento por las muchas ausencias, que le hicieron perder momentos importantes en la infancia y adolescencia de su hija Rocío. Impregnaba todo lo que decía, teatralizaba cada palabra y, entre su gente, desplegaba siempre una actitud tranquila y reposada. Sin embargo, no le era fácil relajarse lo suficiente como para disfrutar sin aprensión de los placeres sociales. La llamada del deber era siempre demasiado insistente como para permitirle mucha frivolidad.

Era básicamente tímida y superaba ese trance cuando se enfundaba su bata de cola, su vestido de escenario y se lanzaba a la aventura de interpretar su música encima de él. Estar preocupada por el bienestar de los suyos era algo natural en ella. Su amigable sonrisa siempre escondía una gran inquietud. Siempre te observaba fijamente, aguantándote la mirada. Sus ojos expresaban inteligencia y claridad de pensamiento. Había nacido para ser tranquila y apacible, pero era un torbellino. Confiable y sincera, poseía un inteligente sentido del humor y un encanto difícil de resistir.

Manifestaba sus afectos de forma tranquila y constante. Era infaliblemente generosa con sus amigos en dificultades. Encontraba más satisfacción en servir a otros que en satisfacer sus propias ambiciones. Nunca olvidaré su ánimo constante y sus canciones al teléfono con las que quería animarme en unos momentos personales difíciles. Ni tampoco cantándome “a capela” el cumpleaños feliz, año tras años, antes de que le diagnosticaran la enfermedad que se la llevó el 1 de junio de 2006.

familia Jurado
La última vez foto que nos hicimos. Una semana después la operaban de urgencia..

Guardo de ella un recuerdo entrañable. Nos vimos, en una cena de amigos, unos días antes de su ingreso. Ya no se encontraba bien. “Me siento extraña”, me dijo. Nos hicimos una foto…y es la última que tenemos juntas. A la semana siguiente la operaban de urgencia. Fui a verla a la clínica y ¡nunca más! Quise conservar su imagen en plenitud, llena de vida, maquillada y coqueta. Dicen que uno se va de verdad cuando dejas de recordarle. Yo la sigo teniendo muy presente. Nunca olvidaré su apoyo en mis comienzos. Ahí nació una amistad que solo el destino truncó. Eterna Rocío..

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