LA VENTETA, paraíso del "dolce far niente"

Hubo un tiempo en el que no me dedicaba a descansar ni los fines de semana, algo poco saludable por otra parte. Ese placer de alegrarte porque llegaba el viernes y desconectabas, lo tenía desterrado del día a día. No sé si por mi hiperactividad y el tener siempre cosas que hacer, pocos eran los días que tenía para disfrutar del placer del “dolce far niente”. Con eso de que los periodistas no tenemos horarios, había temporadas que mis semanas tenían siete días hábiles a todos los efectos. Me impuse, entonces, desconectar los fines de semana para poder dedicarme a los míos y a mí.


En esa etapa me dediqué a uno de mis placeres: viajar por placer, no por necesidad profesional. Conocer lugares, a ser posible alejados de la masa, que me permitieran compatibilizar equilibradamente lo lúdico con la necesidad de desconexión. Y fue en esa etapa del camino cuando descubrí pequeños paraísos como LA VENTETA, casita rural en Aigües, a cuarenta kilómetros de Alicante.

En un lugar privilegiado, lo que antaño fue una antigua venta, ha cobrado nueva vida, convirtiéndose en un alojamiento rural tranquilo y sosegado con la solera que le aporta sus más de 100 años en pie, donde se puede disfrutar plenamente de la montaña, el mar y el sol mediterráneo. Su exterior está cuajado de plantas, escuchas el sonido del agua de sus fuentes y de unos jardines, en los que conviven palmeras, naranjos y olivos. Su gama de colores entre ocres y verdes se entremezclan con las coloristas buganvillas. Un lugar con mucho encanto estético, que tiene además a su favor la calidad del clima mediterráneo.


LA VENTETA la regentan Ángel (abogado), Juanjo (interiorista) y Ger, un holandés que ha conquistado a medio Alicante, no sólo por su atractivo físico sino por su “saber de gentes”. Los tres han puesto en funcionamiento una casita rural, pintada en color azul añil (me recuerda mucho a la de Yves Saint Laurent en Marrakech), que es el mejor refugio para curarte del stress. Cuando atraviesas su gran portón de madera, te encuentras con un enormepatio y una interesante colección de tinajas antiguas de barro como elemento decorativo. Siguiendo esa estética, en el interior de la posada te encuentras con techos altos, vigas de madera y gruesos muros blancos.

Es un verdadero paraíso donde escuchas el silencio, que es algo que a mí me gusta bastante. Jardines con árboles frutales (sus limones, naranjas y granadas son espectaculares), piscina con vistas a la montaña, habitaciones con vistas al mar. No se necesita mucho más para olvidarte del mundo en milésimas de segundo. Perderse allí ayuda a descubrir el lujo de las cosas cotidianas, el encanto de lo habitual y el placer del trato personalizado.


 Esta posada es el punto de partida perfecto para recorrer la bellísima Sierra de Aitana, con sus parajes naturales, pueblos y rincones que, por lo general, quedan en el anonimato ante la fama y el atractivo de la costa. Llegado el momento de viajar, solemos inclinarnos por destinos exóticos en el extranjero, alejados de nuestro entorno habitual. Y nos olvidamos de la riqueza de nuestro propio país. Es cierto que cada uno busca algo diferente a la hora de descansar, pero os aseguro que este lugar es una alternativa a tener en cuenta.

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