SABON, los poderes del Mar Muerto

Pocas cosas definen más a una persona que el olor. El aroma de su piel, de su ropa, de su casa… incluso, si me apuras, de su coche. Puede llegar a ser tan especialmente identificativo que, muchas veces, le recordamos aunque no le tengamos delante porque, al pasar por un lugar, nos viene ese halo tan personal que nos teletransporta con el recuerdo hasta esa persona que siempre lo lleva.

Yo soy una maniática de los olores. Los que me conocen bien y los que me seguís, desde hace ya
tiempo, sabeis todo de esa debilidad tan mía. A lo largo de mi vida, como en casi todo, soy muy estable en la elección. Tengo muy claro, sobre todo, los que no me gustan.. algo que, también como en la vida, ya es un adelanto. La vainilla y la canela siempre han estado ahí. Se han ido añadiendo el mango y, sobre todo, el olor de los cítricos de mi tierra y el aroma a hierba cortada de los prados gallegos. Las velas Novavila y ZinZin se han instalado en mi casa, donde ya han echado raíces. Mis queridos José Luis Vilanova y Cayetana Vela Sánchez-Merlo lo saben. A ellos les debo ese “enganche”.

Con estos antecedentes, no podía dejar de acercarme a la inauguración de la casa SABON en Madrid (c/Ayala 25), sobre todo porque mi amigo Vicente Suárez nunca me lo habría perdonado. Gablons, su agencia de comunicación, es una referencia obligada en los eventos barceloneses y, de un tiempo a esta parte, también en la capital.

SABON nace en Tel-Aviv en el año 1997. Seis años más tarde, se abre al mundo y se instala en la Sexta Avenida de Nueva York, en el centro del mismísimo Manhattan. A partir de ese momento empieza una expansión mundial, contando ya en la a ctualidad con 131 establecimientos (4 de ellos en España).

SABON nace desde el amor por las texturas y los aromas, la búsqueda del arte del placer, el deseo de aportar a la gente horas de relajación y magia dentro de la estresante vida diaria.
La historia de la firma empieza haciendo jabones a mano, siguiendo una fórmula australiana de hace
más de 70 años. Los jabones se vendían entonces – y aún se venden- frescos, según el peso deseado por el cliente.

Desde entonces SABON se especializa en crear una experiencia personal y emocionante, desarrollando una amplia gama de productos cosméticos para el bienestar corporal y la serenidad del espíritu, basados en ingredientes naturales, esencias extraídas de aceites aromáticos y sales minerales del Mar Muerto, famosos por sus propiedades terapéuticas y relajantes.

Esta firma solo utiliza ingredientes de la mejor calidad y desarrolla diseños cautivadores prestando una atención especial a los envoltorios y presentaciones, comprendiendo en profundidad el significado de la palabra “regalar”.

Desde sus orígenes SABON ha sido extraordinariamente atento a la naturaleza, usando materiales naturales y cuidando el medio ambiente en el que vivimos. Cuando entras en una de sus tiendas, te encuentras con una enorme piedra -traída expresamente desde Jerusalen- en la que puedes vivir uno de los rituales más placenteros para las que nos gustan los peelings y los masajes de manos. Con diferentes olores, todos ellos de lo más seductores, preparan tus manos para una exfoliación y posterior hidratación. Un momento que, solo por vivirlo, merece la pena acercarse a conocer el mundo SABON.

Y como broche final, por lo menos para mí, un amplio abanico de velas que ¡cómo no! te acabarán por atrapar, pero ese es ya otro capítulo…

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