SPIELBERG, EL CREADOR DE SUEÑOS

Esta profesión me ha dado más de lo soñado y me ha permitido conocer a gente a la que nunca imaginé que podía acceder. A veces, los sueños se cumplen y la vida, tan caprichosa en ocasiones, te sorprende aprobandote -incluso ¡con nota!- asignaturas pendientes. Una de las mías, hasta hace hoy un año, era entrevistar al hombre que me hizo soñar con su cine. Un hombre que, esta semana, la prestigiosa revista Forbes ha nombrado “el más influyente del mundo”, desbancando a la omnipresente Oprah Winfrey.

Siempre se ha dicho que no hay que tomar decisiones “en caliente”. Y yo añado que, incluso la felicidad, hay que dejarla reposar para calibrar el auténtico alcance de lo que ha conseguido llevarnos a ese estado que se cotiza tan caro.

Conocer y, sobre todo, entrevistar a Steven Spielberg era algo que se antojaba casi imposible. El que hizo posible volar mi imaginación de niña con su cine, no se caracteriza precisamente por hacer concesiones con la prensa. Su inaccesibilidad es algo intrínseco en su carácter discreto y alejado de los focos mediáticos, no es soberbia ni altanería. Y así pude comprobarlo en ese encuentro, junto con Daniel Day Lewis, que tuvimos en el hotel Villamagna. Una larga charla sin guión pactado, sin vetos, sin preguntas prohibidas. Todo un “caramelo” para los que nos dedicamos a esto y que estamos acostumbrados a caprichos, peticiones extrañas y todo tipo de impedimentos, que no trascienden al gran público pero que son de imprescindible aceptación si quieres llegar a entrevistar a la celebrity de turno.

Spielberg es como ese vecino amable, que vive en tu puerta de al lado, y que te cuenta sus batallitas cuando te encuentra en el ascensor por la mañana. Con un look nada rebuscado (jeans, camiseta de algodón sobre camisa blanca clásica y blazer) apareció sonriente en la suite reservada para la entrevista. “Estoy con gripe y no quiero pasaros nada”, comentó con cierta picardía en esos ojos, a través de los cuales tantos cinéfilos hemos soñado. “Así que, si no os importa, nos saludamos chocando los brazos”. Y así fue.

De físico menudo, amable, cercano, hablador y de interesante conversación. A lo largo de media hora, mientras tomaba un “black thé” y Daniel Day Lewis un café, fué salpicando -con anécdotas y chascarrillos cotidianos- todas sus vivencias en el cine. Contadas son las entrevistas que ha concedido a lo largo de su trayectoria “porque mi misión es contar historias en la pantalla. Esas son mis entrevistas”. Y lo confiesa mientras mira la portada de mi libro fetiche “SPIELBERG, LA RESTROSPECTIVA”, en el que más tarde escribiría “To Amalia, Enjoy!. Steven Spielberg”. “Ese libro son confesiones muy personales a un amigo entrañable”, me dice. “Es el mejor documento escrito sobre mí. La portada, en mi país, es en blanco y negro. Me gusta tu edición de color, tiene vida”.

La visita del “Rey Midas”, como le bautizó Hollywood hace años, se debió a la promoción de LINCOLN. Le acompañaron Daniel Day Lewis y Sally Field, protagonistas de la cinta. La complicidad y admiración mutua entre actor y director se evidenció desde el primer momento. “Aunque, en su momento, hablé con Liam Neeson para interpretar a este personaje, siempre tuve claro que Daniel era el perfil perfecto para LINCOLN”, comenta el cineasta. “Y, cuando me lo propuso, le pregunté por qué yo, que soy irlandés y no americano”, confiesa Day Lewis entre risas. “Es verdad, es lo primero que me preguntaste”, le responde el director, “pero sabía que, a pesar de tus reticencias iniciales, acabarías aceptando”.

Y es que el actor rechazó la propuesta durante largo tiempo. Leonardo DiCaprio fue quien le convenció para que aceptase el reto de interpretar a uno de los presidentes más querido por los americanos. “Leo había trabajado ya con Steven”, me dijo Daniel. “Me habló de la experiencia de hacerlo con él y, sobre todo, de la importancia del personaje. Fue tan persuasivo con su recomendación que me decidí a hacerlo. Además, no se le puede decir que no a Spielberg”.

Os preguntareis por qué escribo ahora sobre un encuentro de un año atrás. Básicamente porque me apetecía recordar algo que me devolviera la sonrisa en estos momentos y me hiciese recuperar la confianza en esta profesión, cada día más desvirtuada. Tan sencillo como eso..

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