UN CANTO A GALICIA

Isla de La Toja (Pontevedra). 14 años de edad. Me enfrentaba al reto de mi primera entrevista en prácticas. Julio Iglesias era el objetivo. La osadía que hoy no tengo y la mano amiga de su padre me ayudó a llegar hasta él. Hablamos largo y tendido, me dió esos titulares que él siempre sabe que la prensa espera y conseguí la portada del periódico con las declaraciones. Hoy, unos cuantos años después, no sólo seguimos manteniendo un contacto fluido, sino también una amistad que ya no creo que nada la debilite. Estos días hemos revivido, en mi tierra gallega, aquel primer contacto que significó el comienzo de todo..

El día de mi primera entrevista.Después han venido unas cuantas más..



Hacía muchos años que Julio no cantaba en Galicia. Un intento frustrado de hacerlo en Santiago de Compostela el pasado día 25, festividad del patrón de la tierra, le dejó un mal sabor de ánimo. En el año que cumple 44 como profesional, el madrileño con alma gallega no quería dejar de hacerlo en la tierra de su padre. Más de una vez me ha comentado que su corazón está partido “entre la bruma galaica y el sol que no cesa”….
Soy un gallego profundísimo, porque el aspecto físico de mi nacimiento no creó una costumbre. Me gusta Madrid porque es el centro de las comunicaciones, pero mis sentimientos y mi sensibilidad, que son aspectos vitales en mi vida, están mucho más cerca de Galicia que de cualquier otro lugar. Primero soy español y después gallego, pero me siento nativo de tu tierra de los pies a la cabeza. No está lejos de mí el que, el final de mis días, sea un poco de tierra húmeda junto a un pazo, en el que esté a mi puerta grabado en piedra por buenos canteros de Pontevedra –que son los mejores del mundo- y entre camelias, el escudo de mi padre…”.
No pudo ser en Santiago, pero sí ha aprobado “la asignatura pendiente” en Cambados (Pontevedra), una de las zonas donde quería comprar un pazo cuando tuve la oportunidad de conocerle. Siempre albergó esa idea en la cabeza, plantar raíces emocionales en la tierra de su progenitor, ese punto de referencia preferente e indispensable en su vida. Por él hizo todo lo posible por cantar en su tierra y rendirle un sentido homenaje.
Llegó a Galicia la tarde anterior al concierto. De su casa de Ojén directo al Gran Hotel de La Toja, donde se alojó en la suite Real. Ducha rápida y mariscada en El Grove con un grupo de amigos, entre los que se encontraba el empresario gallego Fernando Fernández Tapias. Camarones y típica empanada de la tierra, regados con vino Albariño. Julio fue investido “Cabaleiro do Albariño” en el año 1992. Cuando Manuel Fraga, por entonces presidente de la Xunta, le impuso la capa acreditativa, el cantante se comprometió a defender el Albariño “como legítimo señor de todos los vinos del mundo cristiano”, según dijo textualmente en su discurso de aquél año.
El concierto de Cambados fue el más emotivo de la gira y, por muchos motivos personales, uno de los más importantes de su vida profesional. La plaza de Fefiñanes se vistió de gala. Las cinco mil sillas iniciales tuvieron que ampliarse a mil más por la demanda de entradas. El cariño de Julio por la tierra paterna siempre ha sido correspondido por la gente gallega, que le hemos considerado uno de los nuestros. Muchas han sido las estancias del cantante a esa isla de La Toja, en la que le vi por vez primera, las cenas en el «Chocolate» de Villagarcia de Arosa, los paseos en barco por la ría de Pontevedra.
Los años han pasado y la vida, en el fondo, no sigue siendo la que relata en su canción..»pero yo sí que sigo siendo el mismo. Han cambiado mis circunstancias, las cosas y personas que me rodean, pero yo no. Al menos eso creo. Sigo siendo tan feliz como antes, o más incluso, y tengo más ganas de vivir cada día porque, a mi edad, lo único que necesito es tener más vida para disfrutarla con mi familia..Soy una persona normal de 68 años, terriblemente trabajador y con el privilegio divino de ser creativo y de tener la fuerza capaz de reunir muchos países en una opinión hacia mí. Soy un hombre de la calle, del pueblo, llevo una vida totalmente normal y, aunque a mi alrededor reúna a un aparato muy grande de gente, yo vivo sencilla y simplemente, y me gusta disfrutar de los pequeños placeres de cada día. Lo sabes».
Ha logrado lo que muchos no se atreven ni a soñar. Caminando lentamente hacia los setenta, a Julio ya no le impresiona el baile de cifras que alimenta su currículum. El sabe que cada minuto, en cualquier rincón del mundo, suena una canción suya. Da igual que se encuentre a bordo de un taxi en El Cairo o que visite la aldea más pobre de Brasil. Sabe que es el hilo musical del mundo. Ha vendido casi 350 millones de discos, por eso se puede permitir el lujo de grabar cuando “el cuerpo se lo pide”..que suele ser casi siempre!!

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