EL REGRESO DE RAFA NADAL

Mis amigos saben que Rafa Nadal es mi perdición. Desde hace tiempo es una “droga” que me gusta consumir con toda la frecuencia que me dejan sus torneos “por lo largo y ancho del mundo”, porque -sin pretenderlo- me hace crecer como persona ,me anima a ser más fuerte, a superarme en los momentos delicados. Verle jugar es un chute de vitalidad. Comprobar que, al igual que los toros bravos se crece ante la adversidad, es una lección de vida..

Rafa es un ejemplo de superación en época de crisis. La suya ni ha sido ni es económica, pero sí lo fue afectiva, física y de bajón personal, lo que influyó enormemente a su rendimiento deportivo en el pasado año. Inasequible al desaliento, el manacorí se refugió en su familia, en su discreta relación sentimental y dedicó a trabajar esas rodillas, que le habían apartado de las pistas de tenis. Tras siete meses de vida absolutamente monacal, dedicada “en cuerpo y alma” a su rehabilitación, Nadal -cual Ave Fenix – resurgió de sus cenizas y volvió a ser el de siempre, el luchador, el grande, el número 1 en entrega y pundonor, aunque no sea ese su puesto en la clasificación de la ATP.
Tal es su modestia, su natural manera de entender que todo esto puede ser transitorio, que le cuesta admitir que estar en la cima es una proeza. Lo asume como algo natural, que no es más que el resultado del esfuerzo, la constancia, el sacrificio y, a veces, una bocanada de suerte.
No tengo la menor duda de que Nadal es un héroe de nuestro tiempo. Mucho empeño tendrá que poner el destino para que haya otro como él. Camino de los veintisiete años, su espíritu de superación debería enseñarse en los colegios como ejemplo de vida. La última hazaña del mallorquín ha sido conseguir su Master 1000, número 22, en Indian Wells (USA). Y lo ha hecho ante un público que entregado pero exigente, que le admira pero que no le pasa ni una, que le exige en la medida de su grandeza. El responde siempre a los eventuales desaires con discreción, cierta timidez, comentarios acertados y un tenis digno de los elegidos. El Olimpo tiene un nuevo dios, es español y, además, de los que cotizan en nuestro país. Hasta en eso es diferente

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