EL DÍA QUE CONOCÍ A LA “DAMA DE HIERRO”

No voy a entrar a valorar sus virtudes o defectos de Margaret Thatcher como estadista. Creo que, como mujer, consiguió cosas impensables en un mundo de hombres. Y eso le granjeó la antipatía y las críticas de muchos aunque, bien es cierto, que otros supieron reconocer su valía y alabaron “sus golpes en la mesa” para decisiones determinantes..



El próximo día 17 será despedida, en Londres, con honores de estado. Un adiós de esa magnitud sólo se le dispensa a los elegidos. Siempre se dice que, cuando alguien se va, las alabanzas florecen. Sin embargo, en el caso de Margaret Thatcher no se ha cumplido con esa tradición porque, los ataques que he llegado a leer estos días, le van a hacer revolverse en la tumba en ese descanso eterno del que ninguno nos libraremos. No creo que, porque una persona desaparezca, haya que ensalzarla si no se lo ha merecido en vida pero, por contra, tampoco me parece una buena reacción acudir al insulto y difamación cuando ya no puede defenderse.
Tuve la ocasión de conocerla. Era ya primera ministra de Gran Bretaña y vino a España para que la entrevistara Carlos Herrera, en el programa de TVE “PRIMERO IZQUIERDA”. Yo me encargaba de la coordinación de los vips invitados. Lo mismo llamaba a Rocío Jurado, que a Carmina Ordóñez,Curro Romero o Camarón. La “dama de hierro” fue la invitada del segundo programa. Las gestiones se llevaron con un sigilo y minuciosidad que aún hoy recuerdos las broncas de Pío Núñez, el director del programa, cuando nos encontraba hablando del tema delante de quien no debía conocer los detalles.
Como os podeis imaginar, todo estaba controlado al milímetro y las cosas salieron tal y como estaban previstas. La Thatcher vino en avión privado, puesto por la productora del programa, y se fue en el día. Ni pisó el camerino vip que se había habilitado para ella con todo tipo de detalles. Estuvo cercana, amable y luciendo una actitud muy distante a esa imagen de “dama de hierro”. Vestida con su clásico traje chaqueta, en color vino, collar de perlas de una vuelta y un broche de diminutos brillantes, charló con el equipo, visitó con calma el plató de la entrevista y le impactó el ascensor que teníamos en el estudio. Ese era el vehículo que subía a los invitados al “primero izquierda”, donde se desarrollaba la conversación con el invitado estelar.
Tengo buen recuerdo de aquel encuentro. Eran mis comienzos en la profesión en Madrid y compartirlos con una de las personas más importantes de la política internacional de ese momento, era algo que me hacía sentirme especial. Luego, con el tiempo, viví otros momentos importantes que están ya en los compartimentos estelares de mi memoria. De ese en especial guardo un “face to face” con una gran dama y una foto que, al margen de las huellas del tiempo, hace que me sienta privilegiada por los regalos de esta profesión..

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